COVID-19

nos empuja a redescubrir los límites de la existencia habitada por el Espíritu

Esta Cuaresma se nos presenta como una alternativa, como un recurso, en ella podemos descubrir el ritmo del tiempo constantemente cadenciado por el amor de Dios. Es des de esta perspectiva que todo adquiere un significado, incluso el virus COVID-19 que nos empuja a redescubrir los límites de la existencia habitada por el Espíritu, mientras redescubrimos la belleza de la vida.

En profundidad y en relación con los demás pensemos:

  • ¿Cómo transformar en una oportunidad la ansiosa experiencia generada por la presencia del virus, que se extiende por casi todo el mundo, más allá de las fronteras de cada Estado?
  • ¿Cómo estamos viviendo la invitación a desacelerar nuestro ritmo para poder protegernos a nosotros mismos y a los demás?
  • ¿Cómo nos estamos dando cuenta del gran regalo de existencia recibido por el Dador de todo bien, para vivirlo plenamente, incluso cuando experimentamos nuestra fragilidad?

En estos días, todos estamos invitados a establecer la distancia de un metro, a establecer la distancia social que se ha llamado.

Nos preguntamos:

¿debemos respetar un metro lineal o un metro cuadrado?

Si es lineal, corremos el riesgo de mirar solo desde una perspectiva, si es cuadrado tendremos más posibilidades de ampliar los horizontes y darnos cuenta de una manera más real de quién está cerca de nosotros, no para defendernos, sino para convertirnos en personas capaces de relacionarnos.

Condicionados por el frenesí de los contactos virtuales con todo el mundo, a menudo ignoramos a aquellos cercanos a nosotros, situados a un metro de distancia: no vemos a nadie, no percibimos la presencia del otro. En este momento parece que escuchamos sobre el espacio saludable por primera vez, más allá de su forma geométrica, que puede haber entre una persona y otra. Parece que todos hemos aterrizado por primera vez en la tierra en estos días y nos sentimos incapaces de situarnos en un espacio donde todos reconocen su propia existencia y la del otro.

Las personas están preocupadas y experimentan una incomodidad dramática, porque es causada por un algo que está fuera de control: hay una gran confusión. Acostumbrados a predecir y saber todo de antemano, ahora no podemos aceptar que algo más allá de nuestro alcance pueda condicionar la vida de todos.

 Mientras que algunas personas parecen casi vacilantes en el movimiento y miran a su alrededor con recelo, otras lo minimizan hasta tal punto que se niegan a reconocer el peligro y, para anular el miedo inconsciente, niegan la evidencia, incluso eluden las restricciones indicadas para el cuidado del bien común.

Si elegimos identificar y aceptar la realidad actual tal como es, en la que se incluye una experiencia “no querida ni deseada” para vivir, ¿qué sucedería? Probablemente tendríamos una relación diferente con nosotros mismos y con los demás: descubriríamos personas capaces de afrontar con dignidad esta crisis globalizada, de estar a una distancia segura el uno del otro, sin cruzar la frontera establecida. A un metro de distancia puedes decidir respetar tu propia existencia y la de los demás. Qué difícil es, a veces, detenerse frente a la persona que tenemos delante, cara a cara, como les sucedió a Adán y Eva, reconocer en la relación su derecho a existir.

En estos días no se sabe cómo repartir el tiempo, cómo llenar los vacíos, cómo vivir relaciones cercanas y constantes con personas reales y no solo con personas virtuales. Reaparece el “dilema del puercoespín” (A. Schopenhauer), quien, un día de invierno, sintiendo la necesidad de calentarse, trató de acercarse. Sin embargo, se dieron cuenta de que demasiada proximidad causaba lesiones debido a las espinas, por lo que intentaron varias veces encontrar la distancia correcta que les permitiera calentarse. El contacto directo con la gente de carne también requiere que encontremos la distancia que protege la vida y, para ello, necesítanos capacitación y responsabilidad.

  • ¿Dónde está Dios en todo esto?
  • ¿Lo estamos buscando?
  • ¿Cómo nos anima la fe a vivir este acontecimiento

      intensamente  sin sentirnos abandonados por él?

  • ¿A dónde hemos relegado la oración?
  • ¿Cómo podemos aprovechar al máximo este período para convertirnos en personas cada vez más humanas capaces de vivir no solo para nosotros mismos, sino para entregarse a los demás como Jesús nos enseñó?

 En este tiempo de viaje planetario a través de contactos virtuales, los acontecimientos de la historia no determinados por algoritmos programados, hoy nos desafían:

  • Párate, escucha tu alma.
  • Toma tu vida en tus manos.
  • Escucha el silencio y el latido de la existencia.
  • Disfruta de momentos de soledad.
  • Escucha a Dios que te habla.
  • Siente la tierra bajo tus pies.
  • Disfruta de tu ser y de los demás.
  • Descubre que estás habitado por el amor.
  • Pregúntate qué sentido tiene tu vida.
  • Organiza el tiempo al vivirlo contigo mismo, con los demás.
  • Contempla las estrellas, el amanecer y el ocaso.
  • Vive en plenitud lo ordinario de la vida.
  • Siente el perfume del otro, de las flores, mira y regocíjate en la belleza de la creación.
  • Aporta tu contribución de responsabilidad a la humanidad, para construir una sociedad de amor basada en la justicia, la paz, la solidaridad.
  • Descubre en tu vida la presencia de Dios que te ama.

Al aceptar esta Cuaresma diferente como un recurso que se nos ha presentado sin más, podemos descubrir el ritmo del tiempo constantemente cadenciado por el amor de Dios. Todo adquiere un significado, incluso el virus que nos empuja a redescubrir los límites de la existencia habitada por el Espíritu, mientras redescubrimos la belleza de la vida en profundidad y en relación con los demás.

Hna Diana Papa – Hermana Clarisa de Otrantto

Traducido del italiano por la Hna Clara Fernández – Clarisa de Vilobí d’Onyar