Iconografía en claves de bóveda

Los anagramas de Jesús y de María

Iglesia de San Francisco de Asís de Ciutadella (i 6)

En la Edad Media se desarrolló un gran movimiento de devoción hacia el nombre de Jesús que se manifiesta en san Bernardo y que los franciscano difundieron figurando en ello especialmente san Bernardino de Siena. Pero los orígenes de esta veneración se remontan a los primeros siglos de la Iglesia. San Agustín en su libro de las Cofesiones (III, 4, 3) dice: «Aun siendo yo niño de pecho lo había bebido y mamado con la leche de mi madre». En inscripciones paleocristianas con las tres primeras letras griegas de este nombre (yota, eta, sigma) IHS, a las que san Bernardino da una interpretación latina considerándolas como iniciales de la frase: Iesus hominum Salvator (Jesús Salvador de los hombres).

En 1530 Clemente VII concedía a los franciscanos la celebración litúrgica del Nombre de Jesús, Su emblema figura en la octava clave de bóveda de esta iglesia de Ciutadella. En muchas iglesias de la orden aparecía con las tres mencionadas letras situadas sobre un sol resplandeciente.

El «dulce nombre de María» aparece en la séptima clave con una grande y adornada letra «M» circundada por la inscripción: Ave gratia plena Dominus tecum (Lc 1,28), en letras mayúsculas blancas sobre fondo de color. Se trata de la fórmula más expresiva de la fe en la Inmaculada Concepción de María, una de las principales manifestaciones de la veneración mariana de los franciscanos. San Francisco como excelso trovador invitaba a todas las virtudes personalizándolas al aclamar a María diciéndole: «¡Salve santa Dama, santísima Reina, María, Madre de Dios, a ti que eres eternamente Virgen».

Guillermo Pons Pons

05-09-2021

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