Pensaments

ELLA

 

Vive en un mundo convulso. En un país dividido en el que la mujer, todavía, carece de relevancia. El futuro que le aguarda es incierto y, si te apuran, tenebroso. Es consciente de esta aciaga circunstancia. La acepta. Es valiente. La admiras. Y te agradaría, enormemente, poseer sus virtudes o, cuando menos, algunas… Se enfrenta a la adversidad con coraje, pero igualmente con sumisión caritativa. Hablas frecuentemente con ella y, tras hacerlo, te asedas, porque, entonces, la vida es más amable. Sencilla, pero de inteligencia y lógica admirables. Cuando no entiende algo, simplemente confía. Su visión de la existencia humana es, inmutablemente, optimista…

También te resulta aleccionadora su capacidad de servicio. Rara vez piensa en su propia persona y siempre en los otros. Incluso acude a socorrerlos bajo durísimas circunstancias personales. Ojalá –piensas a menudo- tú tuvieras esa predisposición al desprendimiento. Creyente convencida, coherente, cuenta, de seguro, con el beneplácito del Padre… Y goza de indudable prestigio entre algunos pocos/pocas de los suyos.

Un día tuvo noticia de lo de su hijo. Y se preparó para enfrentarse a su dolor y a los pronósticos que le hablan de un final aterrador. Igualmente te conmueve su capacidad de sufrir en silencio. De sufrir en silencio todo tipo de calamidades, tanto físicas como morales. Y, a pesar de ello, reza por extraños, esos extraños que, para ella, nunca lo han sido…

La admiras, sí, desde la convicción de que si nos asemejáramos tan sólo un poco a ella (lamentas iterar tanto el pronombre) el mundo sería radicalmente distinto y mejor…

Vive en un mundo convulso. Vivió en un mundo convulso. Vivirá en un mundo convulso. Santa María, madre de Dios, desde la gratitud, ora por nosotros…

 

Juan Luis Hernández