Raons d’esperança de Carlos Salord

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MARÍA, ESPERANZA NUESTRA

Hoy, fiesta de la Ascensión del Señor, es también la festividad de María Auxiliadora, patrona de
Ciutadella. Una buena oportunidad para rendir tributo a la que es madre de Dios y madre nuestra. En una de las claves de la bóveda de la iglesia de María Auxiliadora de nuestra ciudad se lee la fecha del 7 de octubre de 1571, día en que tuvo lugar la batalla de Lepanto en la cual las naves cristianas, al mando de don Juan de Austria, vencieron a las naves de los turcos que amenazaban a la cristiandad. Con motivo de esta decisiva victoria el Papa Pío V introdujo en las letanías del rosario la invocación de María como Auxiliadora de los Cristianos. El 1 de abril de 1836 el papa Gregorio XVI concedió el Oficio y Misa de Nª Señora bajo la advocación de Auxilium Christianorum, que había solicitado nuestro obispo, Juan Antonio Díaz Merino. Con este precedente la devoción a María Auxiliadora creció a raíz de la construcción del templo, promovido por el sacerdote Federico Pareja. Su bendición e inauguración tuvo lugar el día 17 de agosto de 1893, siendo el primer templo de España, abierto al público, dedicado a María Auxiliadora. Su devoción se fue incrementando con motivo de la venida a Ciutadella de los Salesianos de don Bosco en 1899, haciéndose cargo del Oratorio y Colegio de San Francisco de Sales que había fundado Federico Pareja. La devoción se extendió por toda la isla. El templo fue notablemente ampliado después de la guerra civil y al cabo de unos años, en vistas a la gran devoción existente, el obispo Pascual proclamó y coronó a María Auxiliadora como patrona de la Ciudad.

¿Por qué tanta devoción a la Virgen? La madre Teresa de Calcuta lo explicó muy llanamente: porque ella nos ha dado a Jesucristo, nuestro salvador y redentor. La Virgen, fue un modelo de fe y esperanza. Llena de gracia, creyó firmemente que sucedería lo que el ángel Gabriel le había anunciado y se prestó decidida y generosamente a poner todo lo que de ella dependiera. La que se preparaba para ser esclava del Señor -el Mesías que estaba próximo a llegar- fue constituida en su Madre, Madre de Dios. María, con una gran fe, esperó que se realizaran los designios de Dios acerca de su hijo para el cumplimiento de la redención, a pesar de la ingratitud de los hombres. Una espada de dolor atravesó su corazón al ver que, así como muchos le seguían, otros muchos le odiaban. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su hijo único… y el mundo lo crucificó. María estaba al pie de la cruz sufriendo y, también, perdonando. Allí Jesús nos la dio como madre. Y es desde entonces medianera maternal y universal de todas las gracias. Es nuestro auxilio y nuestra intercesora.

Termino con san Bernardo. “Si se levantan los vientos de las tentaciones, mira a la estrella, llama a María. Si te agitan las olas de la soberbia, de la ambición o de la envidia, llama a María. Si la ira, la avaricia o la impureza impelen violentamente la nave de tu alma, mira a María. Si turbado con la memoria de tus pecados, temeroso ante la idea del juicio, comienzas a hundirte en el abismo de la desesperación, invoca a María. No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás si es tu guía; llegaras felizmente al puerto si Ella te ampara”.

Carlos Salord,  Advocat

publicat al Diari Menorca 24-05-2020