Raons d’esperança de Carlos Salord

LA LIBERTAD DEL AMOR

La libertad en todas sus variantes y consecuencias constituye un conjunto de derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. La libertad es un bien esencial de la persona humana que es necesario proteger. Al llamarnos Dios a la existencia nos ha hecho capaces de querer o no el bien, y de responder  o no con amor a su amor. Es un misterio de la divina sabiduría que al crear Dios al hombre a su imagen y semejanza haya querido correr el riesgo de la libertad humana.

Para descubrir el sentido profundo de la libertad hemos a asomarnos al proceder mismo de Dios y de su hijo Jesucristo en relación con los hombres. Nos pasmamos ante la libertad de un Dios que, por puro amor a los hombres, decide anonadarse tomando carne como la nuestra para salvarnos. No ha habido en la historia de la humanidad un acto tan profundamente libre como el sacrificio del Señor en la Cruz: se entrega a la muerte con la plena libertad del amor.

Se dice que la verdad nos hace libres. No hay mayor esclavitud que la del error. Y ¿cuál es esta verdad?: saber que hemos salido de las manos de Dios, que somos sus hijos y que nos ama con locura. El que no se sabe hijo de Dios desconoce su verdad más íntima; vive de espaldas a la realidad, en conflicto consigo mismo. Por eso es liberador saber que Dios es nuestro padre y que como tal nos ama. Esta fe en el amor de Dios nos lleva a corresponder con nuestro amor. Entonces la libertad adquiere su auténtico sentido. El hombre, se dice, ha nacido para amar y ser amado. No hay nada más grande y más perfecto que el amor de Dios. Por tanto,  nada le conviene más al hombre que dar rienda suelta a la libre correspondencia al amor de Dios que, en realidad, le atrae con la fuerza de un imán.

San Agustín decía: “Ama y haz lo que quieras”. La verdadera libertad de espíritu es esta capacidad y actitud habitual de obrar por amor. “Me amas” (Jn 21,17) pregunta Jesucristo a uno de sus discípulos. La vida cristiana debe ser una respuesta afirmativa y libre a esta pregunta del Señor. Cuanto más libres somos, más podemos amar. Crecer en el amor es crecer en libertad y cuanto más amamos más libres somos. Querer realizar todas las cosas según el querer de Dios es una decisión libre del hombre que ama. De aquí se sigue que toda la ley divina y todo lo que constituye la voluntad de Dios no es algo que oprime, sino al contrario, algo que nos libera. Así ocurre con el Evangelio cuyo contenido se basa en la ley del amor. La obediencia a Dios no solo es un acto libre, sino además un acto liberador.

El próximo día 22 celebraremos la festividad de santo Tomás Moro. Su amor a Dios se había manifestado diariamente en su vida de familia, en el ejercicio de su profesión de abogado, de escritor y en el desempeño de importantes misiones diplomáticas. Su justo renombre mereció que el rey de Inglaterra le nombrase Lord Canciller (1529). Nunca olvidó la necesidad de la oración. Vivió al mismo tiempo un desprendimiento de los bienes y un gran amor a la Cruz donde asentó toda su fortaleza. En la plenitud de su poder renunció a su cargo y murió decapitado (1535) por negarse a reconocer la supremacía de Enrique VIII sobre la Iglesia de Inglaterra y la anulación del matrimonio del rey. Hasta en el patíbulo triunfó la libertad del amor.

Carlos Salord,  Advocat

publicat al Diari Menorca 13-06-2021

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