Raons d’esperança de Carlos Salord

LA ORACIÓN DE LOS PADRES

La transmisión de la fe de padres a hijos en uno de los problemas que se han dado y se dan en todas las situaciones históricas, muy especialmente en nuestro tiempo. Acabamos de celebrar en dos días consecutivos, el 27 y 28 de agosto, las fiestas de santa Mónica y de san Agustín. Los comentaristas ponen de relieve uno de los aspectos de las relaciones entre esta madre y su hijo: lo mucho que Mónica rogó a Dios, con oraciones y lágrimas, por la conversión de su hijo Agustín y le fue concedido. Agustín nacido en Tagaste (África) en el año 354 de madre cristiana y padre pagano, a pesar de las enseñanzas maternas, llevó una juventud azarosa e inquieta hasta que se convirtió y fue bautizado por san Ambrosio en Milán en el año 387 a los 33 años de edad. Más tarde sería ordenado obispo de Hipona, sirviendo a su diócesis de forma ejemplar hasta su muerte en 430, llegando a ser uno de los padres y doctores de la Iglesia. Santa Mónica constituye un ejemplo para todos aquellos que no se arredran ante las dificultades que se presentan para la transmisión de la fe a los hijos. También consiguió la conversión de su esposo. El papa Francisco acudió el pasado día 27 a rezar ante el sepulcro de la santa en la Iglesia de san Agustín de Roma.

En los Evangelios encontramos ejemplos de padres que imploran a Cristo en favor de sus hijos
Así san Marcos (9, 14-29) nos cuenta el caso de aquel padre que pide la curación de su hijo: “…si algo puedes…ayúdanos” y el Señor le contesta al ver su poca fe: “Todo es posible para el que cree”. Y el padre insiste: “Creo señor; ayuda mi incredulidad”. Y el Señor cura a su hijo. Otro caso es el de la mujer cananea (Mt 15, 21-28) que iba gritando detrás de Jesús y éste le dice: “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Y ella insiste: “Señor, ayúdame”. Jesús le responde. “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perrillos”. Y ella pasando por la humillación responde: “…también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Al ver su gran fe, el Señor cura a su hija. Tomás Moro, el Canciller de Inglaterra (1478-1535), decía a su hija predilecta Margarita, refiriéndose a su esposo que había caído en la herejía luterana: “He tenido paciencia con tu marido y he discutido con él acerca de esos puntos de la religión…pero veo que no ha servido de nada…lo voy a dejar enteramente en manos de Dios y voy a rezar por él”. Las oraciones de santo Tomás Moro fueron eficaces y el marido de su hija volvió a la plenitud de la fe. Una de las causas de la descristianización de nuestra sociedad consiste, en el día de hoy, en la falta de transmisión de la fe entre padres e hijos. Son muchos los padres que viven angustiados porque, a pesar de su buena disposición, los hijos no siguen ni perseveran en la fe de sus progenitores. Las causas pueden ser complejas. ¿Qué hacer? Es necesario poner los medios: en la educación, la catequesis, el ambiente familiar, en darles ejemplo de coherencia entre fe y vida, etc. Y siempre la oración, sin desfallecer, con perseverancia, con humildad, poniendo los hijos en manos de Dios. Y con mucha fe, porque Él lo puede todo y, además, nos quiere con locura.

Carlos Salord,  Advocat

publicat al Diari Menorca 06-09-2020