Raons d’esperança de Carlos Salord

LA PERSONA Y EL BIEN COMUN

El hombre es el ser más maravilloso creado por Dios. Y se comprende, porque lo hizo a su imagen y semejanza y lo adoptó como hijo. La perfección de su naturaleza se manifiesta constituida por un cuerpo material y un alma espiritual. Un cuerpo que si bien es cierto que está sujeto a la muerte, también lo es que un día resucitará y unido al alma formará la persona definitiva que ha de perdurar para siempre. Es la dimensión trascendente y sobrenatural de la persona humana.

El hombre es un valor en sí que no depende del sexo, ni de la raza, ni de sus cualidades, condición social, ideas políticas o religiosas, ni siquiera de sus virtudes o defectos. Esta dignidad de la persona humana, que por ser esencialmente social vive en comunidad con otros hombres, viene rodeada de una esfera de derechos y deberes, que dimanan de su propia naturaleza y son, por ello, fundamentales e irrenunciables. La persona, dotada de inteligencia y voluntad ha de moverse libre y responsablemente como sujeto de estos derechos y deberes para vivir en sociedad, en una convivencia lo más perfecta posible.

La familia es la primera comunidad en la que el hombre ha de desenvolverse. En función de ella tiene derecho a elegir estado y a la elección de cónyuge, con quien compartirá igualdad de derechos y deberes; derecho primario de los padres a la educación de los hijos y de éstos a recibir una educación adecuada; derecho a un trabajo y remuneración que permita mantener con dignidad a la familia; derecho a una vivienda, a una seguridad social que pueda cubrir las necesidades de orden médico, paro, invalidez, viudez o vejez y ayuda a las familias numerosas.

Es necesario establecer un equilibrio entre un individualismo egoísta y un totalitarismo alienante. El hombre es necesariamente fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales y políticas. Frente a la sociedad y al Estado el hombre reivindica el derecho a la vida desde la concepción, a la integridad física, al trabajo, a poseer bienes teniendo en cuenta la función social de la propiedad, a la libre iniciativa en el terreno económico, conjugando el principio de subsidiariedad con la necesaria intervención del Estado; derecho a una justa distribución de la riqueza; a una libre residencia y a una emigración dentro y fuera del país; a la no discriminación por razón de raza, sexo, religión o ideas; derecho a seguir la propia conciencia, a dar culto a Dios y a comportarse de acuerdo con la fe que profese, a la libertad en la búsqueda de la verdad o del bien, a expresar las propias ideas privada o públicamente; derecho de reunión y asociación, a intervenir en la vida pública del país; derecho al honor y a la buena reputación y a que la Constitución y las leyes garanticen estos derechos. En definitiva, “el bien común que ha de perseguir el Estado consiste principalmente en hacer realidad la vigencia y efectividad de los derechos y deberes de la persona humana” (Pacem in Terris).

A su vez el hombre tiene el deber de colaborar en la consecución del bien común, de obedecer las leyes justas, de respetar la autoridad y los derechos ajenos, de pagar los impuestos, de contribuir a la paz y al orden público, de conservar los bienes comunes, cultura o medio ambiente y de   actuar con responsabilidad.

Carlos Salord,  Advocat

publicat al Diari Menorca 09-02-2020