Raons d’esperança de Carlos Salord

LAS RELIGIONES AL SERVICIO DE LA FRATERNIDAD

En el momento en que en la Iglesia celebramos la semana de oración por la unidad de los cristianos, entre los días del 18 al 25 del presente mes, resulta oportuno presentar un resumen del último capítulo de la encíclica Fratelli Tutti que trata sobre las religiones al servicio de la fraternidad.

Las distintas religiones -explica el Papa- ofrecen una aportación valiosa para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad. Pero sin una apertura al Padre de todos no habrá razones sólidas para la llamada a la fraternidad. La razón, por sí sola, no sirve. Sin una verdad trascendente, no existirá un principio seguro que garantice las relaciones justas entre los hombres, permitiendo el triunfo de la fuerza del poder y que cada uno imponga su propio interés sin respetar la dignidad de la persona humana, sujeto natural de derechos que nadie puede violar. Hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades. Buscar a Dios con corazón sincero nos ayuda a reconocernos compañeros de camino.

Si bien la Iglesia respeta la autonomía de la política -sigue diciendo el Papa- no puede ni debe quedarse al margen en la construcción de un mundo mejor ni dejar de despertar las fuerzas espirituales que fecunden toda la vida de la sociedad. Los ministros religiosos no deben hacer política partidaria. La Iglesia tiene un papel público que procura la promoción del hombre y la fraternidad universal; es una casa con las puertas abiertas, que sale de sus templos para acompañar la vida, sostener la esperanza, tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación.

La Iglesia -continua- valora la acción de Dios en las demás religiones y no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Pero para nosotros, los cristianos, el manantial de la dignidad y fraternidad humana está en el Evangelio de Jesucristo. Todo lo que es humano tiene que ver con nosotros. Donde quiera que se reúnen los pueblos para establecer los derechos y deberes del hombre, nos sentimos honrados cuando nos permiten sentarnos junto a ellos.

Los cristianos -prosigue diciendo- pedimos que, en los países donde somos minoría, se nos garantice la libertad, así como nosotros la favorecemos para quienes no son cristianos allí donde ellos son minoría. Hay un derecho humano fundamental: la libertad religiosa. Podemos encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes. Son tan importantes las cosas que tenemos en común que nos permiten una convivencia pacífica como hermanos hijos de un único Dios.

Pedimos a Dios -añade- que afiance la unidad dentro de la Iglesia porque fuimos bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo. Urge un camino de encuentro entre las distintas confesiones cristianas. Jesucristo lo afirmó rotundamente: “Que todos sean uno”.

En cuanto a la violencia, afirma el Papa, que entre las religiones es posible un camino de paz. El amor de Dios es el mismo para cada persona sea de la religión que sea. Los creyentes nos vemos desafiados en lo esencial: la adoración de Dios y el amor al prójimo, de tal manera que no podemos alimentar formas de desprecio, odio, xenofobia, negación del otro. La violencia no encuentra fundamento en las convicciones religiosas sino en sus deformaciones. El culto a Dios no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto a la vida, al respeto a la dignidad y libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos. El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. El terrorismo no es a causa de la religión, sino de las interpretaciones equivocadas de los textos religiosos. Los líderes religiosos estamos llamados a trabajar en la construcción de la paz abriendo sendas de diálogo y no levantando nuevos muros.

Que las religiones -termina diciendo- no inciten nunca a la guerra y no fomenten sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, violencia o derramamiento de sangre. Estas desgracias son fruto de la desviación de las enseñanzas religiosas, del uso político de las religiones y también de las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres. Quiero -concluye el Papa- retomar aquí un llamamiento, “en el nombre de Dios que ha creado todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad y los ha llamado a convivir como hermanos para poblar la tierra y difundir en ella los valores del bien, la caridad y la paz”.

Carlos Salord,  Advocat

publicat al Diari Menorca 24-12-2020

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