Ciutadella de Menorca, 15 de noviembre de 2025
Queridos hermanos sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada, querido Miguel Àngel, junto con los familiares y amigos que hoy te acompañan el día de tu ordenación sacerdotal, queridos hermanos y hermanas todos.
A todos los que hemos estado inmersos en procesos vocaciones se nos presenta siempre, sobre todo al principio, una gran duda: ¿será algo que pasa por mi cabeza, algo puramente subjetivo o será verdaderamente una llamada de Dios?
Hoy, Miguel Ángel, después de los años de preparación en el Seminario, podemos afirmar que lo que tú quieres y deseas, es decir, ordenarte, es también lo que quiere Dios, es decir, que te ordenes sacerdote.
La llamada se convierte ahora en algo objetivo, a través de la mediación eclesial. Lo acabas de escuchar: “Con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador, elegimos a este hermano nuestro para el orden del presbiterado” (Ritual).
Los elementos subjetivo y objetivos se identifican en este momento y la libertad y la gracia se dan la mano, siguiendo aquello que decía San Agustín: “Se es verdaderamente libre, cuando no se es esclavo” (De Civitate Dei, XIV, 11).
Tu vocación, Miguel Ángel es un don para ti mismo y para esta porción del pueblo de Dios que peregrina con esperanza en la diócesis de Menorca. Por eso mismo, al final de las palabras de Ritual con que se finaliza la elección del candidato, todos hemos proclamado a una sola voz: “Demos gracias a Dios”.
Un peligro que puede presentarse en este momento de la ordenación es pensar que uno ya ha llegado a la meta, olvidando que nuestras vidas han de estar sujetas a un discernimiento continuo a la luz de la Palabra de Dios, porque el trigo y la cizaña crecen juntos y las tendencias desordenadas, introducidas por el pecado original, nos acompañan siempre a lo largo de la vida.
Hemos de vigilar para que las inconsistencias vocacionales que puedan presentarse no arruinen el proyecto de Dios y trabajar, con la ayuda de la oración, de la dirección espiritual y de los medios que sean necesarios, para purificar, consolidar y acrecentar cada día la rectitud de intención de nuestro ministerio que busca, por encima de todo, la gloria de Dios y el bien de nuestros hermanos.
Como no podía ser de otra manera, querido Miguel Àngel, tu ordenación sacerdotal se inserta en el corazón de la celebración Eucarística. Nos hemos sentado en primer lugar en la “mesa de la Palabra”, con reverencia y espíritu de fe.
En la Sagrada Escritura “quien será sacerdote” – dice el Papa León XIV-descubre cómo piensa Cristo, cómo mira al mundo, como se conmueve por los pobres y, poco a poco, se reviste de sus mismos criterios y actitudes” (León XIV, Carta al Seminario Mayor Arquidiocesano de Trujillo, 6 de noviembre de 20259).
Hemos escuchado el texto de la vocación de Jeremías (1, 4-9) que es como el telón de fondo de tu vocación al sacerdocio, subrayando la irrupción de Dios en tu vida como algo inesperado y diferente a todo lo anterior, que marca un antes y un después en tu vida: “Mira, pongo mis palabras en tu boca” (Jr 1, 9). Toda vocación auténtica ha seguido este mismo proceso.
Como respuesta al don de tu vocación, Miguel Ángel, contigo hemos cantado con agradecimiento el Salmo 95, un himno a la realeza de Dios. Se trata de una triple invitación a la alabanza, un coro que se va ampliando: “¡Cantad!”. Antes el pueblo de Israel y ahora la Iglesia que ha de desempeñar una tarea misionera, las naciones de la tierra que han sido llamadas a reconocer el poder de Dios y adorarlo en su santuario, y la creación entera que ha de alegrarse: “Decid a las naciones: El Señor es rey”.
No olvidemos nunca la misión. Somos una iglesia sinodal misionera, evangelizadora, que hemos redescubierto con alegría el gozo de la comunión con Dios, con los hermanos, con la naturaleza, con nosotros mismos y contigo, Miguel Ángel, hoy cantamos gozosamente el cántico nuevo de los redimidos por Jesucristo.
En la segunda lectura (2 Tim 3, 10-15), vemos que Timoteo, en la empresa de hacer frente a los propagadores del error, no está solo. Tiene como ayuda inapreciable las Escrituras Sagradas que aprendió desde niño y que ahora tiene que transmitir a los demás. Afirma que el Espíritu Santo ha intervenido de modo misterioso, pero real y especialísimo, en la composición de los libros de la Biblia: “Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste”.
Todos, Miguel Ángel, bebemos de las fuentes cristalinas de la revelación que son la Sagrada Escritura y la Tradición. A través de la oración y del estudio, teniendo siempre presente que somos ministros de Jesucristo y pastores de la Iglesia: “Se cuenta que un formando preguntó a San Alberto Hurtado en qué debía especializarse, y el Santo respondió: especialízate en Jesucristo. Esta es la orientación más segura: hacer del estudio un medio para unirse más al Señor y para anunciarlo con claridad” (Ibidem).
Y en el Evangelio (Mc 1, 14-20) Jesús se presenta no como un profeta más, sino como aquel en quien el esperado reino de Dios comienza a hacerse realidad. Esta expresión: “El Reino de Dios está llegando. Convertíos y creed en el Evangelio” compendiaba todo lo que Israel esperaba de los tiempos mesiánicos. En labios de Jesús y en los tuyos, Miguel Ángel, adquiere un significado concreto: soberanía universal de Dios como padre compasivo y salvador. A través del ministerio sacerdotal, sobre los corazones oprimidos destella un rayo de esperanza para toda la humanidad. En este Jubileo del año 2025, la Iglesia se ha presentado ante el mundo como madre y maestra de esperanza para todos los que padecen o están atribulados por cualquier causa.
Esta realidad del Reino de Dios, que está viniendo, es un ofrecimiento y un don de Dios, del que nadie queda excluido. Dios espera una respuesta de acogida por parte del hombre, que comprende dos actitudes: conversión y fe; retorno sincero a Dios y confianza absoluta en el poder salvador de Dios, encarnado ahora en la Persona misma de Jesucristo. Demos gracias a Dios por haber escogido a Miguel Àngel para ser ministro del Evangelio en Menorca.
La conversión y la fe que exige la llegada del Reino tienen que realizarse en el seguimiento de Jesús: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”. La vocación de los primeros discípulos es un ejemplo de ello. En estas palabras de Jesús encontramos los rasgos fundamentales del proceso decisivo de quien entra en el seguimiento de Jesús: la vida cristiana es una respuesta a una llamada previa por parte de Jesús. Tú, Miguel Ángel, ya intentabas ser un buen cristiano, cuando recibiste esta llamada vocacional, que fue poderosa, categórica y penetrante. Ante ella no titubeaste. Tu respuesta implicó desprendimiento y renuncia, pero se tradujo ante todo en seguimiento. Discípulo no es alguien que ha abandonado algo; es quien ha encontrado a Alguien. La pérdida es compensada con creces por la ganancia, que nos convierte en discípulos misioneros.
Y después de tu Ordenación comenzará la liturgia eucarística propiamente dicha. Allí, Miguel Àngel, “en el santo sacrificio el sacerdote aprende a ofrecer su vida, como Cristo en la Cruz (…) Así, cuando la cruz se asume como parte inseparable de la vida, la Eucaristía deja de verse sólo como un rito y se convierte en el verdadero centro de la existencia” (Ibidem).
Toda tu vida ha de ser una misa: “La unión de Cristo en el Sacrificio Eucarístico se prolonga en la paternidad sacerdotal (…) que se expresa en actitudes de entrega. El celibato como amor indiviso a Cristo y a su Iglesia, la obediencia como confianza en la voluntad de Dios, la pobreza evangélica como disponibilidad para todos, y la misericordia y fortaleza que acompañan las heridas y sostienen en el dolor. En ellas se reconoce al sacerdote como verdadero padre, capaz de guiar a sus hijos espirituales hacia Cristo con firmeza y con amor. No existe paternidad a medias, ni sacerdote a medias” (Ibidem).
El Papa León nos previene de los peligros que debe afrontar un sacerdote de nuestro tiempo: la mundanidad, el activismo, la dispersión digital, las ideologías y el aislamiento. Nos dice que “un sacerdote aislado es vulnerable”. La fraternidad y la comunión sacerdotal son intrínsecas a la vocación. La Iglesia necesita pastores santos que se entreguen juntos, no funcionarios solitarios; sólo así podrán ser testigos creíbles de la comunión que predican” (Ibidem).
Con tus hermanos presbíteros y con tu obispo, con los diáconos, con los miembros de la vida consagrada presentes en nuestra Diócesis y con todo el pueblo santo de Dios que peregrina en Menorca te recibimos con gozo y pedimos a la Virgen María y a San José que te sostengan en la alegría de tu entrega en el sacerdocio.
Gracias a tus familiares y amigos mallorquines, a la archidiócesis de Toledo que te abrió las puertas del Seminario, a todos los que te han acompañado en el discernimiento vocacional. A todos somos deudores y que Dios os pague todo el bien que habéis hecho para que Miguel Àngel haya podido llegar en este día a su ordenación sacerdotal. Que así sea.
+ Gerardo Villalonga Hellín, Obispo de Menorca.
CATALÀ
Homilia en l’ordenació sacerdotal del diaca Miquel Àngel Riera Català
Ciutadella de Menorca, 15 de novembre de 2025
Estimats germans sacerdots, diaques, membres de la vida consagrada, estimat Miquel Àngel, juntament amb els familiars i amics que avui t’acompanyen el dia de la teva ordenació sacerdotal, estimats germans i germanes tots.
A tots els qui hem estat immersos en processos vocacionals se’ns presenta sempre, sobretot al principi, un gran dubte: serà alguna cosa que passa pel meu cap, una cosa purament subjectiva o serà vertaderament una crida de Déu?
Avui, Miquel Àngel, després dels anys de preparació al Seminari, podem afirmar que allò que tu vols i desitges, és a dir, ordenar-te, és també allò que vol Déu, és a dir, que t’ordenis sacerdot.
La crida de Déu es converteix ara en una cosa objectiva, a través de la mediació eclesial. Ho acabes d’escoltar: “Amb l’auxili de Déu i de Jesucrist el nostre Salvador, escollim aquest germà nostre per a l’ordre del presbiterat” (Ritual).
Els elements subjectius i objectius s’identifiquen en aquest moment i la llibertat i la gràcia es donen la mà, seguint allò que deia Sant Agustí: “S’és vertaderament lliure, quan no s’és esclau” (De Civitate Dei, XIV, 11).
La teva vocació, Miquel Àngel, és un do per a tu mateix i també per a aquesta part del poble de Déu que pelegrina amb esperança a la diòcesi de Menorca. Per açò mateix, al final de les paraules de Ritual amb què finalitza l’elecció del candidat, tots hem proclamat a una sola veu: “Donem gràcies a Déu”.
Un perill que es pot presentar en aquest moment de l’ordenació és pensar que un ja ha arribat a la meta, oblidant que les nostres vides han d’estar sotmeses a un discerniment continu a la llum de la Paraula de Déu, perquè el blat i el jull creixen junts i les tendències desordenades, introduïdes pel pecat original, ens acompanyen sempre al llarg de la vida.
Hem de vigilar perquè les inconsistències vocacionals que es puguin presentar no arruïnin el projecte de Déu i treballar, amb l’ajuda de la pregària, de la direcció espiritual i dels mitjans que siguin necessaris, per purificar, consolidar i augmentar cada dia la rectitud d’intenció del nostre ministeri que cerca, per damunt de tot, la glòria de Déu i el bé dels nostres germans.
Com no podia ser d’una altra manera, estimat Miquel Àngel, la teva ordenació sacerdotal s’insereix al cor de la celebració eucarística. Ens hem assegut, en primer lloc, a la “taula de la Paraula”, amb reverència i esperit de fe.
A la Sagrada Escriptura “qui serà sacerdot –diu el Papa Lleó XIV- descobreix com pensa Crist, com mira el món, com es commou pels pobres i, poc a poc, es revesteix dels seus mateixos criteris i actituds” (Lleó XIV, Carta al Seminari Major Arxidiocesà de Trujillo, 6 de novembre de 2000).
Hem escoltat el text de la vocació de Jeremies (1, 4-9) que és com el teló de fons de la teva vocació al sacerdoci, subratllant la irrupció de Déu en la teva vida com una cosa inesperada i diferent de tot açò, que marca un abans i un després a la teva vida: “Mira, poso les meves paraules a la teva boca”. Tota vocació autèntica ha seguit aquest mateix procés.
Com a resposta al do de la teva vocació, Miquel Àngel, amb tu hem cantat amb agraïment el Salm 95, un himne a la reialesa de Déu. Es tracta d’una triple invitació a la lloança, un cor que es va ampliant: “Canteu!”. Abans el poble d’Israel i ara l’Església que ha d’exercir una tasca missionera, les nacions de la terra que han estat cridades a reconèixer el poder de Déu i adorar-lo en el santuari, i la creació sencera que s’ha d’alegrar: “Digueu a les nacions: El Senyor és rei”.
No oblidem mai la missió. Som una església sinodal missionera, evangelitzadora, que hem redescobert amb alegria el goig de la comunió amb Déu, amb els germans, amb la natura, amb nosaltres mateixos i amb tu, Miquel Àngel, avui cantam joiosament el càntic nou dels redimits per Jesucrist.
A la segona lectura (2 Tim 3, 10-15), veim que Timoteu, a l’encàrrec de fer front als propagadors de l’error, no està sol. Té com a ajuda inapreciable les Escriptures Sagrades que va aprendre des de petit i que ara ha de transmetre als altres. Afirma que l’Esperit Sant ha intervingut de manera misteriosa, però real i especialíssima, en la composició dels llibres de la Bíblia: “Tu, en canvi, roman en allò que vas aprendre i vas creure”.
Tots, Miquel Àngel, bevem de les fonts cristal·lines de la revelació que són la Sagrada Escriptura i la Tradició. A través de l’oració i de l’estudi, tenint sempre present que som ministres de Jesucrist i pastors de l’Església: “Es diu d’un seminarista que va preguntar a Sant Alberto Hurtado en què s’havia d’especialitzar, i el Sant li va respondre: especialitza’t en Jesucrist. Aquesta és l’orientació més segura: fer de l’estudi un mitjà per unir-se més al Senyor i per anunciar-lo amb claredat “.
I a l’Evangeli (Mc 1, 14-20) Jesús es presenta no com un profeta més, sinó com Aquell en qui l’esperat Regne de Déu comença a fer-se realitat. Aquesta expressió: “El Regne de Déu està arribant. Convertiu-vos i creieu en l’Evangeli” compendiava tot el que Israel esperava dels temps messiànics. Als llavis de Jesús i als teus, Miquel Àngel, adquireix un significat concret: sobirania universal de Déu com a pare compassiu i salvador. A través del ministeri sacerdotal, sobre els cors oprimits esclata un raig d’esperança per a tota la humanitat. En aquest Jubileu de l’any 2025, l’Església s’ha presentat davant del món com a mare i mestra d’esperança per a tots els qui pateixen o estan afligits per qualsevol causa.
Aquesta realitat del Regne de Déu que està venint és un oferiment i un do de Déu, del qual ningú en queda exclòs. Déu espera una resposta d’acolliment per part de l’home, que comprèn dues actituds: conversió i fe; retorn sincer a Déu i confiança absoluta en el poder salvador de Déu, encarnat ara en la persona mateixa de Jesucrist. Donem gràcies a Déu per haver escollit Miquel Àngel per ser ministre de l’Evangeli a Menorca.
La conversió i la fe que exigeix l’arribada del Regne s’han de fer en el seguiment de Jesús: “Veniu amb mi i us faré pescadors d’homes”. La vocació dels primers deixebles n’és un exemple. En aquestes paraules de Jesús trobam les característiques fonamentals del procés decisiu del qui entra en el seguiment de Jesús: la vida cristiana és una resposta a una crida prèvia per part de Jesús. Tu, Miquel Àngel, ja intentaves ser un bon cristià, quan vas rebre aquesta crida vocacional, que va ser poderosa, categòrica i penetrant. Davant d’ella no vas titubejar. La teva resposta va implicar despreniment i renúncia, però es va traduir abans que res en seguiment. Deixeble no és algú que ha abandonat alguna cosa; és qui ha trobat Algú. La pèrdua és compensada amb gran diferència pel guany, que ens converteix en deixebles missioners.
I ara, després de la teva Ordenació continuarem amb la litúrgia eucarística pròpiament dita. Allà, Miquel Àngel, “al sant sacrifici el sacerdot aprèn a oferir la seva vida, com Crist a la Creu (…) Així, quan la creu s’assumeix com a part inseparable de la vida, l’Eucaristia deixa de veure’s només com un ritu i es converteix en el veritable centre de l’existència” (Ibídem).
Tota la teva vida ha de ser una missa: “La unió de Crist en el Sacrifici Eucarístic es prolonga en la paternitat sacerdotal (…) que s’expressa en actituds de lliurament. El celibat com a amor indivisible a Crist i a la seva Església, l’obediència com a confiança en la voluntat de Déu, la pobresa evangèlica com a disponibilitat per a tots, i la misericòrdia i la fortalesa que acompanyen les ferides i ens sostenen en el dolor. En elles es reconeix el sacerdot com a vertader pare, capaç de guiar els seus fills espirituals cap a Crist amb fermesa i amb amor. No existeix una paternitat a la meitat, ni un sacerdot a la meitat” (Ibídem).
El Papa Lleó ens prevé dels perills que ha d’afrontar un sacerdot del nostre temps: la mundanitat, l’activisme, la dispersió digital, les ideologies i l’aïllament: Ens diu que “un sacerdot aïllat és vulnerable. La fraternitat i la comunió sacerdotal són intrínseques a la vocació. L’Església necessita pastors sants; creïbles de la comunió que prediquen” (Ibídem).
Amb els teus germans preveres i amb el teu bisbe, amb els diaques, amb els membres de la vida consagrada presents a la nostra diòcesi i amb tot el poble sant de Déu que pelegrina a Menorca et rebem amb goig i demanam a la Verge Maria i a Sant Josep que et sostinguin en l’alegria del teu lliurament al sacerdoci.
Gràcies als teus familiars i amics mallorquins, a l’arxidiòcesi de Toledo que va obrir-te les portes del Seminari, a tots els que t’han acompanyat en el discerniment vocacional. A tots som deutors i que Déu us pagui tot el bé que heu fet perquè Miquel Àngel hagi pogut arribar en aquest dia a la seva ordenació sacerdotal. Que sigui així.
+ Gerard Villalonga Hellín, Bisbe de Menorca.