Empezamos un nuevo curso. Me dirijo a todos los diocesanos de Menorca, después de haber celebrado hace unos días la fiesta de Ntra. Sra. de Gracia, patrona de Maó. Bajo el amparo de la Virgen nos ponemos todos y pedimos su poderosa intercesión para que durante el curso que comienza nuestros pensamientos, palabras y acciones se desenvuelvan según el querer de Dios.
Ante nosotros se presenta un tiempo de gracia. En el horizonte se sitúa la Asamblea Eclesial convocada para el año 2028, en línea de continuidad con el proceso sinodal de toda la Iglesia, emprendido por el Papa Francisco y que ahora el nuevo Pontífice, León XIV, ha dispuesto que durante el curso 2025-2026 el trabajo de las iglesias locales gire en torno a los itinerarios de implementación del Sínodo.
De esta forma, podemos definir que nuestro objetivo diocesano sea adoptar prácticas y estructuras renovadas de manera que la vida de la Iglesia diocesana sea cada vez más sinodal.
En principio, habíamos pensado comenzar el curso con una Asamblea Diocesana, pero los acontecimientos nos obligan a cambiar la programación, puesto que todos los equipos sinodales diocesanos del mundo hemos sido convocados a una reunión en Roma (23-26 de octubre) donde, además de ganar el jubileo, se tratará de describir el camino a seguir desde ahora hasta la Asamblea Eclesial de 2028.
Cuando regresemos de Roma, daremos a conocer a todos los órganos de participación las orientaciones emanadas desde la Secretaría General del Sínodo, ratificadas por el Papa León XIV, para tratar de implementar, a través de la programación diocesana, las acciones correspondientes que contiene el Documento Final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (Octubre de 2024) que, por voluntad del Papa Francisco, participa del magisterio ordinario del Sucesor de Pedro (24 de noviembre de 2024).
Por lo tanto, os pido a todos que sigáis leyendo, estudiando y profundizando este documento que debe ser tenido como la carta de navegación para la Iglesia de nuestro tiempo.
Recordad el tema de la corresponsabilidad diferenciada. No es porque figure en el documento ni porque lo diga el Papa. Es algo mucho más profundo. Se trata de la acción del Espíritu Santo que nos conduce a la unidad, a través de sus inspiraciones y asistencia para que crezcamos en la comunión eclesial. Los fieles laicos, los miembros de la vida consagrada y los ministros sagrados avanzamos juntos con esperanza, como discípulos misioneros.
Menorca es una diócesis misionera y esta identidad configura nuestras estructuras y nuestra pastoral como servidores del Evangelio. Os pido a todos los que estamos embarcados en esta hermosa aventura de la evangelización que viváis con gozo vuestra fe y deis testimonio con vuestras buenas obras del amor de Jesucristo que lleváis en el corazón: “Para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16).
+ Gerardo Villalonga Hellín, obispo de Menorca.