Inici » Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción 2025

Homilía en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción 2025

Ciutadella de Menorca, 8 de diciembre de 2025

El 26 de diciembre del año pasado determiné que en nuestra Diócesis se pudiera obtener la gracia jubilar del Año Santo peregrinando a esta Iglesia Catedral Basílica. Han sido muchas las parroquias, las comunidades y los particulares que han acudido a la iglesia madre a ganar el Jubileo de la esperanza que no defrauda (Gal 5,5), durante este tiempo de gracia que concluirá el domingo 28 de este mes de diciembre en la fiesta de la Sagrada Familia.

Hoy habéis venido hasta aquí procedentes de las distintas parroquias y comunidades del arciprestazgo de Ciutadella de Menorca, para abrir vuestras vidas a la esperanza, coincidiendo con esta solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María.  Por esta razón, en esta celebración del año 2025 se suman y multiplican los motivos de fiesta y de alegría para todos nosotros.

Aunque el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María no está revelado directamente en las Sagradas Escrituras, sin embargo, es en las páginas de la Biblia donde indirectamente descubrimos esta verdad de fe. Las lecturas que acabamos de escuchar giran en torno al plan de salvación de Dios, la elección de María, su humildad y su sí al anuncio del ángel Gabriel que anticipa la Encarnación y la victoria sobre el pecado original, destacando la santidad de María, preservada del mal desde su Concepción para ser la Madre de Jesús, el Salvador.

Primero, se ha proclamado el libro del Génesis 3, 9-15.20 (llamado Protoevangelio), que anuncia la promesa de un descendiente de la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente (el mal), a quien identificamos como Cristo. María es la mujer redimida por Cristo desde su concepción para cumplir este plan.

Luego, en Efesios 1, 3-6.11-12, vemos como San Pablo alaba a Dios por elegirnos en Cristo antes de la creación, para ser santos e inmaculados en su presencia. María es el modelo perfecto de esta vocación a la santidad. Y, finalmente, en Lucas 1, 26-38 (relato de la Anunciación) vemos cómo el Arcángel Gabriel saluda a María como “llena de gracia” y le anuncia que concebirá a Jesús, el Hijo de Dios. María, aunque sorprendida, responde con su “Fiat”: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”, aceptando plenamente la voluntad divina.

Poniendo en conexión estas lecturas podemos contemplar el plan eterno de Dios, resumido en cuatro puntos:

1) Desde el principio, Dios tenía un plan para vencer el pecado a través de un descendiente de la mujer.

2) Dios eligió a María, preservándola del pecado desde su concepción, para que fuera digna de ser la Madre de Jesús.

3) La humildad, fe y completa entrega (“Hágase en mí”) de María fue crucial para la Encarnación y el inicio de la salvación.

4) Al igual que María, estamos llamados a ser santos e inmaculados en Cristo, respondiendo con un “sí” a Dios.

Y la enseñanza renovada de la Iglesia respecto a esta verdad de fe en este año jubilar de la esperanza, siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, actualizada en la reciente Instrucción del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, titulada Mater Populi Fidelis, consiste en que el dogma de la Inmaculada Concepción no debe contemplarse aisladamente, sino siempre puesto en relación con Jesucristo y con la Iglesia porque “destaca la primacía y unicidad de Cristo en la Redención, porque también la primera redimida es redimida por Cristo y transformada por el Espíritu, antes de cualquier posibilidad de una acción propia. Desde esta especial condición de “primera redimida” por Cristo, de “primera transformada” por el Espíritu Santo, es como María puede cooperar más intensa y profundamente con Cristo y con el Espíritu, convirtiéndose en prototipo, modelo y ejemplo de lo que Dios quiere realizar en cada persona redimida”. (Congregación para la Doctrina de la Fe. Mater Populi Fidelis, 14)

Nos ayuda mucho contemplar hoy esta verdad de fe en esta Catedral Basílica dedicada a honrar y contemplar el misterio de la Presentación de Jesús en el templo. Así “la esperanza, como nos recuerda la Bula de convocatoria de este Año Santo, encuentra en la Madre de Dios su testimonio más alto”. Y añade: Como toda madre, cada vez que María miraba a su Hijo pensaba en el futuro y, ciertamente, en su corazón permanecían grabadas esas palabras que Simeón le había dirigido en el templo: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón». (Lc 2,34-35). Por eso, al pie de la cruz, mientras veía a Jesús inocente sufrir y morir, aun atravesada por un dolor desgarrador, repetía su “sí”, sin perder la esperanza y la confianza en el Señor. De ese modo, ella cooperaba por nosotros en el cumplimiento de lo que había dicho su Hijo, anunciando que «debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días» (Mc 8,31), y en el tormento de ese dolor ofrecido por amor se convertía en nuestra Madre, Madre de la esperanza”. No es casual que la piedad popular siga invocando a la Santísima Virgen como Stella Maris, un título expresivo de la esperanza cierta de que, en los borrascosos acontecimientos de la vida, la Madre de Dios viene en nuestro auxilio, nos sostiene y nos invita a confiar y a seguir esperando” (Bula de Convocatoria del Jubileo Ordinario del Año 2025, 24).

Finalmente, los discípulos de Jesucristo de nuestro arciprestazgo de Ciutadella, contemplando el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, vemos la grandeza de nuestra vocación y de nuestra misión. Somos discípulos misioneros, que, junto a María, con su ayuda y con su intercesión también formamos parte de aquella humanidad santa e inmaculada en la que Dios ha soñado para nosotros desde toda la eternidad.

Purificados por la gracia de Jubileo, desandado el camino del mal, podemos seguir caminando con María, con alegría y esperanza renovadas, en este tiempo de Adviento, para recibir como hermanos a Jesucristo, el Señor, que viene a salvarnos.

De esta manera, caminando especialmente junto a aquellos hermanos nuestros que padecen por cualquier causa, nuestras vidas serán para ellos una luz y una esperanza cierta de salvación. Que así sea.

+ Gerardo Villalonga Hellín, Obispo de Menorca.

CATALÀ
Homilia en la Solemnitat de la Immaculada Concepció

Ciutadella, 8 de desembre de 2025

El 26 de desembre de l’any passat vaig determinar que a la nostra Diòcesi es pogués obtenir la gràcia jubilar de l’Any Sant pelegrinant a aquesta Església Catedral Basílica. Han estat moltes les parròquies, les comunitats i els particulars que han acudit a l’església mare a guanyar el Jubileu de l’esperança que no defrauda (Gal 5,5), durant aquest temps de gràcia que s’acabarà el diumenge 28 d’aquest mes de desembre a la festa de la Sagrada Família.

Avui heu vingut fins aquí procedents de les diferents parròquies i comunitats de l’arxiprestat de Ciutadella de Menorca, per obrir les nostres vides a l’esperança, coincidint amb aquesta solemnitat de la Immaculada Concepció de Maria. Per això, en aquesta celebració de l’any 2025 se sumen i multipliquen els motius de festa i d’alegria per a tots nosaltres.

Tot i que el dogma de la Immaculada Concepció de la Mare de Déu no està revelat directament a les Sagrades Escriptures, és a les pàgines de la Bíblia on indirectament descobrim aquesta veritat de fe. Les lectures que acabam d’escoltar giren al voltant del pla de salvació de Déu, l’elecció de Maria, la seva humilitat i el sí a l’anunci de l’àngel Gabriel que anticipa l’Encarnació i la victòria sobre el pecat original, destacant la santedat de Maria, preservada del mal des de la seva Concepció per esdevenir la Mare de Jesús, el Salvador.

Primer s’ha proclamat el llibre del Gènesi 3, 9-15.20 (anomenat Protoevangeli), que anuncia la promesa d’un descendent de la dona que aixafarà el cap de la serp (el mal), a qui identificam com a Crist. Maria és la dona redimida per Crist des de la seva concepció per complir aquest pla.

Després, a Efesis 1, 3-6.11-12, veim com sant Pau alaba Déu per escollir-nos en Crist abans de la creació, per ser sants i immaculats en la seva presència. Maria és el model perfecte d’aquesta vocació a la santedat.

I, finalment, a Lluc 1, 26-38 (relat de l’Anunciació) veim com l’Arcàngel Gabriel saluda Maria com a “plena de gràcia” i li anuncia que concebrà Jesús, el Fill de Déu. Maria, encara que sorpresa, respon amb el seu “Fiat”: “Heus aquí l’esclava del Senyor; Que es faci en mi segons la vostra paraula”, acceptant plenament la voluntat divina.

Posant en connexió aquestes lectures podem contemplar el pla etern de Déu, resumit en quatre punts:

1) Des del principi, Déu tenia un pla per vèncer el pecat mitjançant un descendent de la dona.

2) Déu va escollir Maria, preservant-la del pecat des de la seva Concepció perquè fos digna de ser la Mare de Jesús.

3) La humilitat, fe i completa entrega (“Que es faci en mi”) de Maria va ser crucial per a l’Encarnació i l’inici de la salvació.

4) Igual que Maria, esteim cridats a ser sants i immaculats en Crist, responent amb un “sí” a Déu.

I l’ensenyament renovat de l’Església respecte a aquesta veritat de fe aquest any jubilar de l’esperança, seguint la doctrina del Concili Vaticà II, actualitzada en la recent Instrucció del Dicasteri per a la Doctrina de la Fe, titulada Mater Populi Fidelis, consisteix en què el dogma de la Immaculada Concepció no ha de contemplar-se aïlladament, sinó sempre en relació amb Jesucrist i amb l’Església , perquè “hi destaca la primacia i la unicitat de Crist en la Redempció, perquè també la primera redimida és redimida per Crist i transformada per l’Esperit, abans de qualsevol possibilitat d’una acció pròpia. Des d’aquesta especial condició de “primera redimida” per Crist, de “primera transformada” per l’Esperit Sant, és com Maria pot cooperar més intensament i profundament amb Crist i amb l’Esperit, convertint-se en prototip, model i exemple d’allò que Déu vol portar a terme en cada persona redimida”. (Congregació per a la Doctrina de la Fe. Mater Populi Fidelis, 14)

Ens ajuda molt contemplar avui aquesta veritat de fe en aquesta Catedral Basílica dedicada a honrar i contemplar el misteri de la Presentació de Jesús al temple. Així, “l’esperança, com ens recorda la Butlla de convocatòria d’aquest Any Sant, troba en la Mare de Déu el seu testimoni més alt”. I afegeix: “Com tota mare, cada vegada que Maria mirava el seu Fill pensava en el futur i, certament, en el seu cor romanien gravades aquestes paraules que Simeó li havia dirigit al temple: «Aquest Infant, serà signe de contradicció i a tu mateixa una espasa et travessarà el cor (Lc 2, 334-35). Per això, al peu de la Creu, mentre veia Jesús innocent patir i morir, fins i tot travessada per un dolor que esquinçava el seu cor, repetia el seu “sí”, sense perdre l’esperança i la confiança en el Senyor. D’aquesta manera, ella cooperava per nosaltres en el compliment d’allò que li havia dit el seu Fill, anunciat “que havia de patir molt i ser rebutjat pels ancians, els gran sacerdots i els escribes; que havia de ser condemnat a mort i ressuscitar després de tres dies» (Mc 8,31), i en el turment d’aquell dolor ofert per amor es convertia en la nostra Mare, Mare de l’esperança”. No és casual que la pietat popular continuï invocant la Santíssima Verge com Stella Maris, un títol expressiu de l’esperança certa que, en els borrascosos esdeveniments de la vida, la Mare de Déu ve en el nostre auxili, ens sosté i ens convida a confiar i seguir esperant” (Butlla de Convocació del Jubileu Ordinari2).

Finalment, els deixebles de Jesucrist del nostre arxiprestat de Ciutadella, contemplant el misteri de la Immaculada Concepció de la Mare de Déu, veim la grandesa de la nostra vocació i de la nostra missió actual. Som deixebles missioners, que, juntament amb Maria, amb la seva ajuda i la seva intercessió, també formam part d’aquella humanitat santa i immaculada en què Déu ha somiat per a nosaltres des de tota l’eternitat.

Purificats per la gràcia del Jubileu, rebutjant el camí del mal, podem seguir caminant amb Maria, amb alegria i esperança renovades, en aquest temps d’Advent, per rebre com a germans Jesucrist, el Senyor, que ve a salvar-nos.

D’aquesta manera, caminant especialment amb aquells germans nostres que pateixen per qualsevol causa, les nostres vides seran per a ells una llum i una esperança certa de salvació. Que sigui així.

+ Gerard Villalonga Hellín, Bisbe de Menorca.